Gabriela y Carlos querían que sus invitados vivieran San Sebastián desde el primer momento. Antes de abrir la invitación, el sobre ya lo decía todo: un sobre forrado con la acuarela del Peine de los Vientos, uno de los rincones más icónicos de la ciudad, pintado a mano con toda su fuerza y elegancia.
La invitación se plegaba sobre sí misma. En la portada, San Sebastián de nuevo, como protagonista. Al desplegarse, a ambos lados, el planning completo del fin de semana: información práctica, hoteles recomendados y planes para aprovechar cada momento en la ciudad.
Un diseño funcional y emocionalmente cargado, donde cada pliegue revelaba algo nuevo. Una invitación personalizada que era, a la vez, una guía y una declaración de amor a un lugar.