Irene y José se pidieron matrimonio al atardecer, frente al mar en Menorca. Ese momento lo era todo, y tenía que estar en la invitación.
Diseñamos un sobre forrado con la acuarela de esa misma puesta de sol, pintada a mano con los colores del Mediterráneo. Al abrir el sobre, la invitación mostraba ese mismo instante pero con ellos dos: un retrato delicado que capturaba la emoción del momento en que todo empezó.
Las calas de Menorca, la luz de la isla y el azul del mar guiaron toda la papelería. Los meseros y el seating plan siguieron la misma temática, creando un conjunto coherente y lleno de significado desde la invitación hasta el último detalle del día B.